Que Sean Uno…

La Unidad de la Iglesia – 3

Nos Dio Su Gloria

«La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.» (Jn 17.22)

Gloria habla de esplendor, reflejo. Es grandeza. Y también poder…

«Cristo resucito de los muertos por la gloria del Padre» (Ro 6.4)

Jesucristo es la gloria del Padre, el Espíritu Santo es la gloria del Padre y del Hijo. El Padre es glorioso, Dios contiene la gloria, es su esencia. Él habita en la gloria.

Pues, para que no tengamos excusas Jesucristo dice que la gloria que el Padre le dio a Él, nos ha dado para que también nosotros seamos uno, así como Él y el Padre.

Cristo nos ha dado su gloria, su fuerza, su poder. Nos ha dado su imagen, su carácter moral. Aun mas, dice que como iglesia somos su plenitud.

«la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.» (Ef 1.22-23)

Y la misma «supereminente grandeza de su poder… que operó en Cristo, resucitándole de los muertos…» (Ef 1.19-20), está en nosotros los que creemos… ¡A Él sea toda la Gloria!

Pues no tenemos excusa, ni justificativo alguno para no ser uno, los unos con los otros. La misma unidad de Dios es la que debemos experimentar y manifestar, no solo a este mundo sino también a las potestades que operan en este siglo. ¡Para que el mundo crea!

Perfectamente Unidos

Jesucristo tiene un solo cuerpo y este no puede ser dividido. Dios es fiel y tiene una sola familia, por lo tanto no puede estar dividida. Por esta causa el Espíritu Santo nos exhorta con advertencias…

«Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo.» (Fil 3.2)
«Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer.» (1 Corintios 1.10)

Que Ellos Sean Uno en Nosotros

Que Sean Uno...

Como si todo esto que hemos expresado hasta aquí fuera poco, hay más, mucho más…

Hemos visto que Jesucristo nos dio su gloria, la gloria que le dio el Padre para que también nosotros seamos uno, como Él y el Padre. Hemos visto la perfección de la unidad de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y hemos visto que ese mismo grado de unidad es el que debemos tener todos nosotros, sus hijos que conformamos su iglesia, que es su cuerpo y su familia. Todo esto nos ha llevado a reflexionar sobre nuestra unidad, los unos con los otros.

Con todo esto, tengo la impresión de explotar en cualquier momento ante tanta gloria y semejante revelación acerca de Dios y su iglesia.

Luego de haber comprendido brevemente acerca de estas cosas, ahora hay más…

EL Padre en el Hijo, el Hijo en el Padre, y la iglesia en Ellos

«...para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros...» (Jn 17.21)

Como si no fuera suficiente el hecho de que seamos uno, que estemos perfectamente unidos, que manifestemos la unidad y que tengamos la misma unidad que Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También declara: «que también ellos sean uno en nosotros»

Así que ya no solo somos uno con todos los santos en una unidad igual a la de Dios, sino que también esa unidad se completa con Dios. «Ellos… en nosotros». Esa misma perfecta unidad es con todos los santos y con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo. La iglesia que es la familia de Dios, en perfecta y completa unidad con Él (Ellos).

Mi mente humana, finita, se ha detenido en este momento, ya no alcanzo a discernir en plenitud esta verdad poderosa en Cristo. Ser uno con toda la comunidad de santos y a su vez ser uno con el mismo Dios santo, puro, perfecto, glorioso, majestuoso, creador de todas las cosas, soberano Dios.  ¡¿Qué mente humana puede entender esto?! O ¿quién puede explicarlo? ¿Con qué palabras?

Ahora, la iglesia en Cristo y Cristo en la iglesia. La iglesia en el Espíritu Santo y el Espíritu Santo en la iglesia. El Padre en el Hijo y el Hijo en la iglesia. Todos en perfecta y completa unidad.

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