Id y haced discípulos

Desventuras en Tayikistán

[Testimonios 5 de 10] … Continuación de: Una Oración de Bienvenida


Mapa de Tayikistán

Por cuestiones laborales me encuentro uno de estos días volando hacia uno de esos países de la ex URSS (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas) en Asia Central. Uno de estos países que nadie sabe muy bien a donde están… Turkmenistán, Azerbaiyán, Uzbekistán, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán… por ahí por Asia… por ahí están. Ese mismo, Tayikistán, hacia allí me dirigía. Un país de poco más de 6.900.000 habitantes, hablan el tayiko (proveniente del persa) y ruso. Su capital Dusambé, es un centro histórico y cultural del país. En ella puede observarse una mezcla de lo asiático, con lo persa, un fuerte ingrediente soviético, aunque también se aprecia una leve influencia helénica, ya que Alejandro Magno conquista este territorio en el 328 a. C. conformando el reino greco bactriano que permaneció por varios siglos. A principios de nuestra era se promovió el budismo y para el 636 d. C. los musulmanes árabes traen consigo el islam. En la actualidad el 94 % de la población son musulmanes. Tayikistán con el 64 % de sus habitantes viviendo en la pobreza, es el país más pobre de Asia Central.

Su geografía es realmente hermosa. De verdad he visto allí uno de los más bonitos paisajes que he tenido oportunidad de visitar. Dominada por la cordillera del Pamir con una cantidad de maravillosos lagos. Estos territorios antiguamente cruzados por expediciones de Marco Polo en la ruta de la seda.

Aunque he disfrutado mucho del lugar y de amigos muy queridos que tuve oportunidad de visitar, a pocas horas de haber arribado al país comienzan mis desventuras. Había llegado vía Turquía esa misma mañana, ya estaba acomodado en el lugar que sería hospedado. Una de las personas me invita para acompañarle a realizar unos trámites, a lo que asiento con agrado. La idea era salir en transporte público con la intención de ver un poco de cerca el pueblo, su cultura y costumbres. Como era de esperar el autobús estaba abarrotado de gente, así que íbamos parados. Como buen sudamericano y habiendo compartido varios años con árabes en lugares muy populares, conocedor de la materia con tanto amontonamiento de gente iba muy atento a mis bolsillos, especialmente en el que llevaba mi cartera. Que por cierto llevaba una buena cantidad de dinero que necesitaría durante mi estadía allí para realizar distintas actividades. Con mi mano en el bolsillo todo el tiempo, internamente estaba un poco orgulloso de sentirme experto y cuidadoso de mis pertenencias. Pensé que a mí no me ocurriría lo que a otros. Nadie me iba a sacar mi billetera. Así fuimos durante todo el viaje, con mi mano en el bolsillo, en ningún momento la saque de allí. Pero llegó la hora de bajarnos del auto bus, estábamos casi al lado de la puerta para descender, en una acción normal e inconsciente me agarro del pasamanos para bajar. Al llegar abajo, diez segundos después, vuelvo a meter mi mano en el bolsillo para comprobar que mi billetera… ya no estaba allí… Automáticamente la reacción fue volver a subir al auto bus para reclamar mi cartera. Obviamente no hablo ni tayiko ni ruso, así que mi acompañante al escuchar lo acontecido en ese mismo instante, comenzó a clamar la benevolencia de los allí presentes para que me devolvieran la cartera. Por supuesto, todos nos miraban sin responder palabra. Lo que hizo que un par de paradas más adelante nos bajáramos del auto bus frustrados por la experiencia. Gracias a Dios no llevaba conmigo el pasaporte ni tarjetas de crédito.

Me recomendaron asentar una denuncia del robo y pensé que sería apropiado, pues, tendría al menos un comprobante a la hora de rendir cuentas a mis superiores. Pedimos ayuda a un amigo nativo que hablaba muy bien el español, quien gentilmente se ofreció a acompañarnos. Comenzamos la andada, de aquí para allá, de una oficina a otra en otro punto de la ciudad. Nos mandaban de un lugar a otro y nadie se hacía responsable de recibirnos una denuncia. Hasta que al final de tantas andadas alguien accede y nos conduce hacia una oficina un poco más adentro. Nos informa que tendríamos que pagar como una especie de sellado, no sería tanto así que estuvimos de acuerdo. El agente nos toma la declaración por medio de nuestro interprete que por supuesto se relata en buen tayiko. Cuando me percato de esto pido a nuestro interlocutor que necesitaría una copia en español o inglés, ya que en tayiko no me serviría, el agente accede sin poner problemas. Una vez terminado el relato comienza la espera, va y viene, da vueltas, que lo tiene que aprobar no sé quién, que luego lo tiene que firmar no sé qué jefe, y nosotros esperando pacientemente. Hasta que cuando comenzamos a impacientarnos y decidimos apurar los trámites el hombre nos deja ver su verdadera intención: quería sacarnos una coima. Ante nuestra firme negativa nos dijo que para tomarnos la denuncia debíamos pagar esa cantidad que nos estaba pidiendo, de  lo contraria pagando mucho menos solo sería una declaración pero sin valor legal, que no pondrían los sellos pertinentes, que no harían ninguna investigación, etc. De esta manera, nos fuimos con nuestra hojita con dos firmas y ningún sello ni membrete de ningún tipo.

Todo esto ocurrió entre el primer y segundo día.  Luego ya más relajados pasamos buenos momentos y en tiempos libres me llevaron a conocer parte de esa geografía tan preciosa. Disfrutamos de las montañas, ríos y lagos. Todo muy colorido, podíamos apreciar la maravillosa mano creadora de Dios en todos esos lugares.

Llegó la hora de emprender mi regreso. Con casi tres horas de anticipación me llevan al aeropuerto, nos despedimos, aparentemente todo bien. Hago el check-in, paso los primeros controles y cuando llego a la ventanilla de migraciones comienzan los problemas. No quieren sellar mi salida en el pasaporte, me piden la carta que era mi visa de entrada al país, me retienen estos documentos y el policía me explica que… pero sigo sin entender ni tayiko ni ruso… y esta vez estaba solo. Intentaba comunicarme con las cuatro palabras de inglés que se, pero el agente solo sabía dos palabras, así que la comunicación era casi nula. Lo único que estaba claro es que no me sellaban mi salida del país y que aparentemente quería que le pague no sé qué cosa. El tipo de muy mala gana me hizo esperar a un lado mientras seguían pasando otras personas. Comencé a ponerme un poco nervioso, no comprendía bien que estaba pasando. Cuanta impotencia que produce la falta de comunicación! Yo seguía intentando comunicarme en mi muy poco y malo inglés, pero allí casi nadie entendía inglés. Como respuesta me preguntaban si hablaba ruso… Pasaban los minutos y yo seguía allí a un costado esperando, cada vez que me acercaba al policía recibía como respuesta malos tratos. Le pedí la posibilidad de hablar con alguna otra persona que supiera inglés y nada. Finalmente le propuse hacer un llamado telefónico a mi amigo para que hablara con él y me sirviera de interprete, de muy mala gana accedió, pero no fue fácil lograr una comunicación. Hasta que finalmente lo logramos y mi amigo me explicó que estaban alegando que debería pagar no sé qué cantidad de dinero para poder salir ya que había venido al país por negocios y mi visa era de turismo. Intentamos explicarle que no estuve en el país haciendo negocios, que había estado visitando tales lugares en las montañas y lagos, etc. y nada. El hombre no quería escuchar nada de todo esto, solo decía que si quería salir del país debería pagar esa suma de dinero, que por cierto no era poca cosa (esta vez esperaban una  coima más engrosada).

Seguían pasando los minutos, se acercaba la hora estipulada para embarcar, los tipos cada vez más cerrados a escuchar razón, y yo cada vez más nervioso sin saber qué hacer. Se dirigían a mí de muy mala manera y algunos se burlaban. Lo que más repetían era que tenía que pagar si quería salir. Ya para ese entonces si hubiera tenido dinero en mi bolsillo se lo hubiera dado todo con tal de que me sellen mi pasaporte y me dejen salir. Intenté decirles que estaba dispuesto a pagar pero que no tenía dinero. Les hice señas que no tenía dinero y les mostré mis bolsillos para que constataran. Era ya la hora del embarque, que desesperación que tenía, ya no veía una salida. En ese entonces comenzaron a decirme que iría a la cárcel por no pagar, me preguntaron si había despachado maletas, me dijeron que se quedarían allí. Fue entonces cuando me llevan a un lugar interno del aeropuerto, era un lugar un poco oscuro, había allí un viejo escritorio y dos sillas, me hacen sentarme en una de ellas. A un costado había una puerta que daba a una sala con camas cuchetas, todo muy desordenado y con poca higiene. Ahí me dejaron un buen rato solo, y por supuesto sin mi pasaporte. No podría escaparme para ningún lado. En esos momentos sentí que se me venía el mundo abajo. Me sentía raptado en un país asiático musulmán con un idioma que no comprendo. Me sentí como dentro de una película viviendo una de esas escenas que tantas veces había visto. Quién podría rescatarme de esta situación? A cada tanto venia alguien y me recordaba que iría a parar a la cárcel. Yo miraba la hora y mi vuelo ya estaba a punto de salir… tantas cosas pasaron por mi mente en ese momento…  Me veía privado de mi libertad, en un país desconocido de lengua desconocida. Pensé en mi familia… confieso que tuve ganas de llorar… que momentos más duros he vivido… El reloj marcaba la hora de salida de mi vuelo, ya no había más esperanzas… clamé a Dios como creo que nunca antes lo hice, era todo lo que tenía en ese momento, era mi única posibilidad de ayuda… en ese momento entra una mujer policía, la miro a los ojos y con voz quebrada en un último aliento le dije en mi pobre inglés: «Please, I need to go»… (Por favor tengo que irme). La mujer me miró, se rió en mi cara burlonamente y salió del cuarto… Al instante viene otro tipo y me dice que lo siga. Mis fuerzas llegaban a su fin, quien sabe a dónde me llevarían ahora. Pensé que mi vuelo ya habría salido y me llevarían nuevamente para la ciudad, alguna comisaria o algo así. Cuánta impotencia! Cuánta desesperación! No entendía porque tenía que vivir aquello.

Ya casi sin fuerzas, sigo al agente que me había llamado, pero lo hago por inercia. Me lleva por lugares oscuros que no había pasado antes. Pero llegamos a una sala bien iluminada, era la sala de embarque de mi vuelo… ahí el tipo saca mi pasaporte que ya estaba sellado, me lo entrega y me hace seña que suba al avión, el vuelo se había demorado y yo era el último en subir… no lo podía creer… me volvió el alma al cuerpo… parecía que volvía a vivir. Por supuesto, le agradecí de mil maneras… tuve el sentimiento de haber subido corriendo al avión. Pero no estuve del todo relajado hasta que me senté en el avión y vi que se cerraban las puertas… Ahí sí, Uuuffff que alivio!!! Ahí sí, me aflojé y dormí cansadísimo durante todo el viaje y cuando desperté al llegar a Turquía todo me parecía un sueño. Cuantos sentimientos tan extraños en tan poco tiempo.

Estoy plenamente seguro de la intervención divina en aquel momento. Gracias Dios por tu protección y por tu salvación! Pero más allá de esta fea e irrepetible experiencia me agradó el país, es verdaderamente bello. Pude ver la gloria de Dios allí manifestada en su creación. Seguramente volvería, pero tomando mayores recaudos.

Hoy son simplemente anécdotas que quedan en el recuerdo, son mis desventuras en Tayikistán.


Continúa en: 25 Años


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