La Palabra – 1
Jesucristo es el Fundamento
Jesucristo es la Palabra de Dios revelada a los hombres, el verbo hecho carne, es la revelación de Dios. Él nos enseñó la voluntad del Padre y nos reveló la verdad por sus palabras. Jesucristo es la Revelación de Dios. Es la Palabra, el Verbo de Dios para todos los hombres. Jesucristo es el fundamento de Dios para nuestras vidas. Él es la Piedra principal del edificio espiritual.
- Jn 1:1
- Jn 1:17-18
- Hebreos 1:1-3
El Fundamento de los Apóstoles
Jesús transmitió la revelación especialmente a sus doce apóstoles. No tenemos otra fuente original y fidedigna de información acerca de Jesús aparte de ellos.
- Jn 17:8
Los apóstoles pusieron el fundamento de Dios para la iglesia en todo lugar en todos los tiempos.
- Ef 2:20
- 1 Co 3:10-11
- Hch 2:42
«Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles…»
- Jd 17
Las Sagradas Escrituras: Única fuente de autoridad
Esta revelación esta registrada en el Nuevo Testamento y es completa, inmutable y universal. Es para todos los hombres, de todas las naciones, en todos los tiempos.
- 2Ti 3:16-17
- 2 Pe 1:19-21
Ninguna revelación posterior puede modificar, disminuir, contradecir o agregar nada a la revelación dada una vez y para siempre a los apóstoles y profetas del primer siglo.
- Ga 1:8-9
- 1 Co 3:11
Dios hoy puede levantar apóstoles y profetas, pero no para establecer una nueva doctrina, ni para imponer una interpretación particular de las escrituras. Pues, «Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada».
Resumen
El fundamento del reino de Dios es Jesucristo mismo, la Palabra. A su vez es el fundamento de nuestra fe y de nuestra vida.
La revelación de Dios y su voluntad, el fundamento de nuestra fe y de nuestra vida, la encontramos exclusivamente en las Sagradas Escrituras.
Jesucristo nos trajo esa revelación por medio de su Palabra.
Los apóstoles de Jesucristo inspirados por el Espíritu Santo completaron la revelación fundamental del misterio de Cristo que estuvo oculto por siglos (Ef 1:8-9; Ef 3:5, 9).
Esta verdad traída una vez y para siempre, no puede ser modificada (1 Co 3:11; Gal 1:6-9).
No tenemos otra fuente de autoridad para nuestras vidas fuera de las Sagradas Escrituras.
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