Ser Conocidos por Dios

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Crecer en el conocimiento de Dios

Una de las cosas mas importantes para nosotros como hijos de Dios es que necesitamos conocer más y seguir creciendo en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Igualmente, debemos ser conocidos por Dios. Diremos, ¿pero cómo es esto? Si Dios conoce todas las cosas…

«para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.» (Ef 1.17)
«para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.» (Col 1.10)
«Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.» (2 Pe 3.18)

Todos los que hemos reconocido el Señorío de Jesucristo y hemos nacido de nuevo, hemos conocido a Dios. Pero aun no es todo, necesitamos seguir avanzando, seguir creciendo en el conocimiento de Él.

En la parábola de los talentos, el jornalero no conocía verdaderamente a su señor, tenía apenas un conocimiento erróneo de Él. Es por eso que dice:

«te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo...»  (Mt 25.24-25)

Entonces, no alcanza con tener algún conocimiento acerca de Dios. Mucha gente tiene un conocimiento intelectual de Dios, hay muchos creyentes y muchas personas así, saben que Dios existe, que tiene poder y demás. Pero esto no alcanza. Es necesario conocerle a Él en persona, crecer en conocerle mas en intimidad.

Dios conoce a los suyos

Pareciera una obviedad expresar esto, ya que Dios es omnisciente, conoce todas las cosas. Y por supuesto que también nos conoce a nosotros. 

«Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos» (2 Tim 2.19)
«Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.» (1 Co 8.3)
«…mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios» (Ga 4.9)
Ser Conocidos por Dios

Esto es algo bonito, nos llena de gozo saber que Dios nos conoce a cada uno de manera particular. A Jacob le dijo: «yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.» (Is 43.1). Dio testimonio acerca de Job (Job 1.8). Y acerca de su Hijo proclamó con voz audible: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.» (Mt 17.5).

Nunca os conocí

Pero veamos estos otros pasajes que nos muestran otras personas, a las cuales Dios dice que nunca los ha conocido.

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.» (Mt 7.21-23)
«Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.» (Mt 25.11-12)

Pero… ¿cómo puede decir el Señor no os conozco o nunca os conocí? Si Dios conoce todas as cosas y a toda su creación, y aun conoce hasta las intenciones de nuestro corazón. ¿Qué significa esto? ¿Nos conoce o no nos conoce?

Conocimiento íntimo

Veamos que quiere decir Dios con estas palabras. Profundicemos pues en el significado de la palabra conocer y su uso. Presentaremos dos ejemplos de un conocimiento íntimo y profundo.

«Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín.» (Gn 4.1)                    
«Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.» (Mt 1.24-25)

Hay aquí un conocimiento íntimo, que se refiere a la intimidad matrimonial, específicamente a relaciones sexuales en el matrimonio. Adán conoció a Eva y esta concibió a su primer hijo. José y María estaban desposados, es decir comprometidos para casarse y «antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.» (Mt 1.18). Y dice que José no la conoció hasta que dio a luz.

ἔγνω [egnó]

Veamos los pasajes que hemos mencionado, comparando el uso del verbo `conocer´ en sus conjugaciones y significados, según el texto griego original y la base de su raíz: ἔγνω [egnó].

El Señor nos conoce

  • 2 Tim 2.19 [εγνω; egnó : conoció]
  • 1 Co 8.3 [εγνωσται; egnóstai : es conocido]
  • Ga 4.9 [γνωσθεντες; gnosthentes : habiendo sido conocido]

El Señor nunca conoció

  • Mt 7.23  [εγνων; egnón]  conocí

Conocimiento íntimo marital

  • Mt 1.25  [εγινωσκεν; eginosken : Conocía]  José no conoció a María

Conocimiento pleno

  • Ef 1.17   [Επιγνωσει; epignosei : conocimiento pleno] epi: sobre, gnosei: conocer
  • Col 1.10 [επιγνωσιν; epignosin : conocimiento preciso]

Seamos conocidos por Dios

Necesitamos crecer en el conocimiento de Dios. Conocer plenamente al Señor, con un conocimiento más preciso, más exacto, más profundo e íntimo. Para eso necesitamos, entre otras cosas, espíritu de sabiduría y revelación, buscarlo en oración. Y necesitamos andar más con Él, agradándole en todo y llevando fruto en toda buena obra. Mayor convivencia íntima con Dios. Enamorarnos más de Él, crecer en nuestra relación íntima de amor.

«…mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios» (Ga 4.9)

También necesitamos ser conocidos por Dios. Qué Él pueda estar complacido con nosotros, como lo está de su Hijo Jesucristo (Mt 3.17; 17.5). Que pueda llegar a dar testimonio de nosotros como algún día lo hizo con su propio Hijo. Como lo hizo con Job (Job 1.8). O como el Señor mismo testificó acerca de las iglesias en Asia (Apocalipsis capítulos 2 y 3). Que no nos eche de su presencia diciendo que no nos conoce como a las vírgenes insensatas. O lo que es peor aun, como el jornalero el cual fue conocido por su señor como el siervo malo y negligente.

Conozcamos pues a Dios y seamos conocidos por Él.

«Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.» (2 Pe 3.14)

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