Relacionados en Confinamiento

Nuevos tiempos los que nos tocan vivir, casi de un día para otro nos vimos confinados en nuestros hogares. Poco a poco desde los gobiernos fueron dando distintas instrucciones y leyes del nuevo e inesperado Estado de Alarma, por lo que en menos de una semana nos vimos sin poder salir a la calle, mas que para lo indispensable. Ni reuniones, ni visitas, ni dos personas juntas en la calle a no ser por unas pocas excepciones. Prohibición total, policía y ejercito controlando el poco tráfico de vehículos y personas. Una cantidad de detenidos por desacatar las ordenes impuestas.

«...mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca...» (Mt 24.6)

La iglesia en todos lados poco a poco se ha visto afectada por esta nueva realidad. Totalmente prohibido todo tipo de reuniones. Esto trae cambios importantes. Muchos acuden a la tecnología como “una alternativa”, estableciendo cultos cibernéticos. Otros desempolvan para enfatizar las revelaciones que Dios nos dio hace años acerca de sus verdades, sobre la importancia de las relaciones interpersonales y la iglesia en las casas.

No sabemos cuánto tiempo durarán estas restricciones. Ni cuánto cambios traerán estas cosas a futuro. Siguiendo la guía de las Escrituras y los acontecimientos actuales estamos expectantes en cuánto estas cosas influirán en nuestras vidas. Sobre todo también para los que nos toca acompañar algunos hermanos en otros países. La inquietud es, ¿cómo permanecer relacionados si estamos en confinamiento?

Respiradores

En estos días he escuchado expresiones interesantes que dicen que para muchos la iglesia es como un respirador artificial, que necesitan para seguir viviendo, entonces van a la iglesia para conectarse al respirador que les de un poco de oxigeno para sobrevivir. ¿Y qué pasa ahora que no pueden ir a la iglesia o ni siquiera a una reunión casera? Por supuesto, esto viene de personas que no han comprendido el reino de Dios y la iglesia.

Para los que estamos relacionados y vamos caminando juntos según el Señor nos ha ido uniendo en su red orgánica del Espíritu Santo, buscando el reino de Dios según su verdad revelada a sus apóstoles y teniendo como modelo la iglesia de los primeros siglos, quisiera compartir para afirmar algunas verdades acerca de su propósito para con nosotros. En estos tiempos diferentes que nos tocan vivir y los que vendrán, vemos necesario meditar y afirmar más estas verdades…

Un cuerpo bien concertado y unido

 «de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.» (Ef 4.16) 

En este tiempo más que nunca debemos afirmar nuestra conciencia de cuerpo. ¿Cómo nos relacionamos? ¿Necesitamos reuniones para sobrevivir? ¿Necesitamos ir a algún lugar para tener una vida espiritual fructífera? ¿Podemos estar unidos si no nos encontramos con otras personas? ¿Cómo mantenemos la unidad en tiempos de confinamiento? ¿Cómo permanecemos relacionados en confinamiento? ¿Y en los tiempos de persecución que vendrán?

Somos un cuerpo unido por relaciones. Relaciones claras y definidas. El cuerpo no se relaciona en reuniones, se relaciona en vida, en convivencia, en ayuda mutua. Tal era la realidad de la iglesia del primer siglo, solo basta con leer Hechos de los Apóstoles. Una verdadera familia, verdadero cuerpo.

Conciencia de cuerpo

No necesitamos tanto conocimiento, necesitamos más conciencia, que en su primera vez viene por revelación. Pues definitivamente la iglesia de Jesucristo nada tiene que ver con reunionismos ni liturgias. Necesitamos tener conciencia de cuerpo y de familia, lo que verdaderamente es la iglesia. Un cuerpo unido por coyunturas, esto es relaciones firmes y concretas. ¿Pero qué tipo de relaciones? No relaciones religiosas, ni relaciones de trabajo, no relaciones administrativas, aquellas que tenemos solo para poder decir estoy relacionado con tal persona. De esas seguramente habrá, pero no son este tipo de relaciones las que une el cuerpo de Cristo, ni las que trae crecimiento. Sino aquellas relaciones que están unidas como coyunturas. Unidas por una misma visión. Aquellas relaciones que llevan el mismo ADN espiritual. Verdaderos amigos, incondicionales. Aquellas relaciones que ni el espacio geográfico, ni el tiempo, ni las circunstancias logran separarlos.

Este tipo de relaciones no son simplemente para este tiempo especial de confinamiento, sino son relaciones que deberían existir de antes y perduran en el tiempo. Cualquiera puede asistir a reuniones, sean en un salón, una casa o por videoconferencias. Pero los discípulos de Jesucristo pueden identificar claramente sus relaciones. Y es en estas relaciones que se recibe crecimiento. Nunca el crecimiento espiritual viene en reuniones, por buenos que sean los sermones, ni en seminarios. El cuerpo se nutre y se une en las relaciones y así va creciendo. No hay otra forma de crecimiento.

«Todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.» (Col 2.19)

Sostengamos a los débiles

«También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.» (1 Tes 5.14)

La recomendación que nos deja el Espíritu Santo por medio del apóstol es que sostengamos a los débiles. Esto es siempre, pero de manera especial en este tiempo. Aquellos hermanos que aún no tienen tan claro o tan asumidas sus relaciones. Hermanos que quizás, por la falta de encuentros con otros, no sepan cómo alimentarse espiritualmente. Pues, los que somos fuertes soportemos las flaquezas de los débiles.

«Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.» (Ro 15.1-2)
relacionados en confinamiento

Recordemos cómo Jesús nos habló de aquel pastor que dejó las noventa y nueve ovejas de su rebaño para ir a buscar a la débil perniquebrada (Mt 18.12). De igual manera debemos procurar en este tiempo especialmente buscar a nuestros hermanos mas débiles en la fe, para sostenerlos y animarlos. De esta manera contribuir a la edificación de todo el cuerpo de Cristo.

Algunos dirán “yo no tengo tanta preparación para ayudar o cuidar de otro hermanos”. Venía a mi mente algunas imágenes repetidas que hemos visto por Africa, como las de estas fotografías. Niños de unos seis u ocho años cuidando de sus hermanitos mas pequeños. Obviamente, no son padres o madres, no tienen la madurez necesaria, ni están capacitados, pero aún así asumen una responsabilidad de cuidar a sus hermanitos más pequeños. Esto mismo ocurre en lo espiritual.

Quizás algunos de nosotros aun no hemos alcanzado la madurez espiritual para cuidar de otros hermanos mas pequeños. Pero animémonos en este tiempo a buscar alguno de los hermanos más débiles en la fe, para cuidarlos, sostenerlos y acompañarlos para edificación. Sabiendo también que los miembros más débiles en el cuerpo son los mas necesarios.

«Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios» (1 Co 12.22)

Entonces, los mas fuertes o maduros en el Señor y los que quizás aun no lo han alcanzado, busquemos a otros más débiles para acompañar y ayudar en este tiempo. Un mensaje de texto, una llamada telefónica, una videoconferencia, harán la diferencia y ayudarán a mantener el cuerpo unido, siendo edificado y creciendo hacia la madurez…

«...hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.» (Ef 4.13)

Por lo tanto, mantengámonos relacionados en tiempos de confinamiento. Las relaciones firmes de cuerpo, la unidad por medio de coyunturas, son la fortaleza de la iglesia de Jesucristo.

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