La semilla del evangelio

Que la extensión del evangelio del reino de Dios no se estanque dependerá de cómo formamos obreros. No hay multiplicación sin el desarrollo ministerial de obreros. Para esto es de suma importancia cómo presentamos el evangelio desde el principio. Repasemos brevemente la semilla del evangelio. Recordemos cuál es el mensaje que debemos anunciar:

La predicación del evangelio del reino de Dios contiene:

La semilla del evangelio
  • La salvación por fe, reconociendo a Jesucristo como el Señor de su vida (Ro 10.9; Hch 2.22-36)
  • El arrepentimiento (Hch 2.38; Mr 1.14-15)
  • El bautismo para perdón de los pecados (Hch 2.38; 22.16)
  • Bautismo del Espíritu Santo (Hch 2.38; 8.15-16; 19.2-6)
  • Consagración o llamado a la obra de Dios (Simón y Andrés: Mt 4.18-20; Pablo: Hch 9.15; 22.14-15, no todos somos llamados a ser apóstoles, pero sí todos son llamados a ser obreros del Señor a “tiempo completo”). 

No solamente los beneficios

En la predicación del evangelio del reino de Dios no presentamos solamente sus beneficios (Dios salva, sana, liberta, perdona, da paz); presentamos el precio, lo que cuesta seguir a Cristo (Lc 14.25-27; Mr 8.34-35). El compromiso de servirle. No solamente obedecerle en cuestiones morales y de conducta, sino también obedecerle en sus mandamientos de servicio ministerial. 

El evangelio es una semilla que debe contener en sí todos los ingredientes vivos y activos del discípulo que vamos a obtener. Esta semilla contiene los genes de lo que será. 

«Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él.» (Col 2.6)

Si hemos presentado un mensaje de ofertas y solo beneficios, obtendremos como resultado un creyente sin demasiado compromiso pero que está constantemente exigiendo sus “derechos”, reclamando los beneficios. Considera que la iglesia le debe a él. Por el contrario, si hemos presentado el evangelio del Reino, obtendremos discípulos comprometidos, siervos de Cristo y de la comunidad. 

Cuando Jesús predicó el evangelio tuvo especial cuidado de presentar todo el mensaje, con las advertencias y las condiciones. No había ningún engaño en su forma de predicar, ni jamás confundió a nadie. Realmente el Señor predicó el evangelio del reino de Dios, apuntando a reclutar personas comprometidas que después entraran en sus mismas labores. Su evangelio constituía el gobierno de Dios sobre la vida de los seres humanos. Los que le recibían, quedaban bajo la voluntad del Rey de reyes para servir a los propósitos de su reino. 

Temas relacionados:

Deja un comentario