Es tiempo de Perfeccionamiento

Dios avanza a pasos agigantados con la gran empresa de establecer su reino en toda la tierra. Es su propósito desde antes de la creación. Y Él se ha propuesto cumplirlo usando nuestras vidas. Jesús, el Hijo del Hombre, fue quien comenzó esta batalla aquí en la tierra dejándonos ejemplo y enseñándonos cómo hacerlo.

Cuanta pretención

Ahora, ¿cómo pretendemos nosotros, hombres y mujeres imperfectos, con nuestras naturalezas pecaminosas gobernando sobre nuestras vidas, vez tras vez siendo manipulados por nuestros propios corazones engañosos más que todas las cosas (Jer 17.9), realizar la obra de Dios santa y perfecta? ¿Cuántas veces pretendemos hacer su obra motivados por nuestro emocionalismo momentáneo, que sube y baja como las olas del mar? El Señor, a través de Santiago 4.8 nos exhorta diciendo: «Vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones».

¿Cómo osamos tan siquiera poner nuestras manos manchadas de pecados para guardar el santo testimonio del Altísimo? Como cuando Uza pretendió sostener el arca de Dios y cayó muerto por causa del furor del Señor (2 Sam 6.6-7). Mas como nos enseñan las Escrituras, estamos agradecidos a nuestro Amado, porque «por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.» (Lam 3.22-23).

Pero, ¿cómo osamos ser portadores del mensaje de paz y salvación, mensajeros del amor y perdón de Dios a los pueblos no alcanzados cuando como nos advierte Santiago, nuestra propia…

«...lengua es un fuego, un mundo de maldad […] y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno […] pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.» (Stg 3.6-8). ?

¿Cómo pretendemos ser tan escrupulosos y disciplinados en nuestras mentes, que nos sentamos a planificar el futuro como si de nosotros dependiera? Y luego lo espiritualizamos orando y pidiendo al Soberano que bendiga nuestros planes que tan minuciosamente hemos preparado en base a estadísticas, estudios de mercado y mapeos. Cuán ilusos que somos pretendiendo hacer la obra del Señor impulsados por nuestro raciocinio finito y natural. ¿Todavía no hemos entendido que Dios es sobrenatural, y que muchas veces nos resulta como ilógico e irracional? ¿A ver quién puede explicar la Trinidad de una manera exacta? ¿O la encarnación o la resurrección? ¿O tantas otras cosas que Él ha hecho y sigue haciendo en medio de los tiempos?

Es Tiempo de Perfeccionamiento

Es tiempo de Perfeccionamiento

Obviamente, ni a Dios le interesa, ni quiere, ni puede por su misma esencia, usarnos en un nivel de ministerio santo, de avance de su reino hasta lo último de la tierra, sin que pasemos por el fuego purificador. Jesús mismo pasó esta prueba, como dice:

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos (He 2.10).
Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen (He 5.8-9).

Entonces, si Jesús fue perfeccionado por medio de las aflicciones y por medio de sus padecimientos, según la voluntad del Padre, cuanto más nosotros debemos ser perfeccionados. También es cierto que el Señor en su bendita misericordia nos usa en determinados momentos, de la misma manera que usó un burro o habló a través de la zarza, o utilizó tantas otras cosas naturales e imperfectas. Pero la voluntad del Altísimo en la realización de su eterno propósito es cumplir todas las cosas a través del cuerpo de Jesucristo que es su iglesia. Una iglesia gloriosa, sin manchas ni arrugas. Una iglesia con vestiduras de lino fino y resplandeciente. ¡Dios es santo! Su pueblo debe ser santificado. ¡Jesucristo es perfecto! Su cuerpo debe ser perfeccionado. Jesucristo está trabajando para presentarse a sí mismo una iglesia gloriosa, santa y perfecta.

Es tiempo…

  • Es tiempo de santificación y perfeccionamiento. Por lo que dice: «…El que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.» (Ap 22.11).
  • Es tiempo donde Dios ya no tolera más el pecado de su pueblo.
  • Es tiempo de medición y de nivelación. Pero no es una nivelación hacia abajo, sino hacia arriba, hacia la perfección y la santidad. Nivelación de transformación a la imagen y semejanza de Jesucristo.
Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no le toleraré más (Am 7.8).
  • Es tiempo de poda en nuestras vidas para que llevemos más y mejor fruto para la gloria del Padre que habita en la gloriosa santidad.

El Señor se alegra con nosotros cuando permanecemos en Él porque de esta manera llevamos fruto. Pero tampoco se conforma con unos pocos frutos. Dios tiene un propósito y este es llenar toda la tierra de hijos a la imagen de Jesucristo, tener para sí un gran pueblo. Para esto el Señor Jesús nos encomienda:

«Os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca.» (Jn 15.16). Y también: 
«En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.» (v. 15.8). Es por eso que antes dice: 
«Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.» (v. 15.2).

Es tiempo de poda. Es tiempo de limpieza. El Espíritu Santo quiere perfeccionarnos y santificarnos. Quiere hacernos aptos para el ministerio. Es tiempo de quitar a unos y limpiar a otros. Es tiempo de perfeccionamiento.

Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios (1 P 4.17)

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