El Testimonio de Dios

El apóstol Pablo nos anuncia con poder el testimonio de Dios. Este es el testimonio acerca de los hechos de Cristo en los ámbitos espirituales, en su muerte, resurrección y asunción. Cosas que ningún ojo humano ha podido contemplar, pero cosas reales que estaban ocurriendo en lo espiritual. Estos hechos solo pudo ser visto en lo espiritual y especialmente Dios el Padre lo contemplaba con gran gozo de ver sus propósitos cumpliéndose. 

«Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.» (1 Co 2.1-5)
«Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad».  (1 Jn 5.6)

Hay un testimonio de los hombres y un testimonio de Dios

«Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo.»  (1 Jn 5.9)

En la crucifixión de Cristo, muchos testigos presenciales vieron lo que sucedió en el plano visible, pero no entendieron lo que en verdad estaba ocurriendo. Lo importante es lo que pasó en el plano espiritual. Muchas personas estuvieron presentes en la crucifixión. Los hechos físicos fueron vistos y relatados por los que estuvieron presentes, y registrados mayormente en los Evangelios. Este es el testimonio de los hombres. Pero hubo acontecimientos espirituales que ningún ser humano pudo ver y este es el testimonio de Dios.

Los testigos en el plano físico vieron la cruz, la corona de espinas, los clavos, vieron como llevaron a Jesús hasta allí, de que manera lo azotaron, como lo acostaron en la cruz y le clavaron los clavos, como lo levantaron en la cruz. Vieron la sangre que corrían de sus manos, de sus pies. Vieron la agonía.

Escucharon los gritos de la gente. Escucharon que Jesús dijo: «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen». A las 12 del mediodía de repente el sol se oscureció, durante 3 horas reinó la oscuridad. Hubo temblores en la tierra, las rocas se partieron. Y a las 3 de la tarde se escucho un grito desgarrador: «Dios mio, Dios mio porque me has desamparado». Al poco rato escucharon el ultimo grito: «Consumado es». Y murió… Cuando murió hubo otro temblor… Todos se estremecieron. El centurión romano dijo: «verdaderamente este era el hijo de Dios». Y la gente comenzó a irse. Cualquiera que estaba allí podía ver y oír todo esto en el plano físico.

Lo que ojo no vio ni oído oyó

«Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu...»  (1 Co 2.9-10)

La pregunta es: ¿qué pasó en el plano espiritual cuando Jesús murió en la cruz? ¿Quién lo vio? Nadie. Son «cosas que ojo no vio ni oído oyó». Hubo un solo testigo: Dios. El Padre fue el único que vio lo que ocurrió en el plano invisible que los ojos físicos no pudieron ver. El único testigo que contempló ambas dimensiones nos dio testimonio acerca de las cosas que percibió. 

El Padre reveló a sus apóstoles por medio del Espíritu Santo, este testimonio de lo ocurrido con Jesucristo y a través de Él, en el plano espiritual; en su muerte, resurrección y asunción.

¿Qué ocurrió en la cruz en la dimensión espiritual, según la revelación que Dios dio a los apóstoles y profetas?

  • El Hijo de Dios llevó todos nuestros pecados en su cuerpo (Isa 53)
  • Llevó nuestra maldición (Gál 3.13)
  • Acabó con el pecado (Heb 9.26)
  • Se ofreció como sacrificio por el perdón de nuestros pecados (1 Jn 4.10)
  • Nos reconcilió con Dios (2 Cor 5.19)
  • Rompió el velo que nos separaba de Dios y nos dio entrada al Lugar Santísimo (Heb 10.19-22)
  • Crucificó nuestro viejo hombre (nuestra naturaleza pecaminosa) (Ro 6.6).
  • Nos santificó (Heb 10.9–10, 14)
  • Rompió la pared de separación y nos hizo un solo pueblo para Dios (Ef 2.14)
  • Venció a los principados y potestades (Col 2.14–15; Heb 2.14–15)

El profeta Isaías recibió revelación de estas cosas 700 años antes (Is 53.3-12). De la misma manera que luego Dios se lo revela a los apóstoles y profetas.

¿Qué pasó en la resurrección y exaltación de Jesús en la dimensión espiritual, según la revelación que Dios dio a los apóstoles y profetas?

  • Jesús recibió todo poder en el cielo y en la tierra (Mat 28.18)
  • Fue exaltado, por encima de todo poder y autoridad (Ef 2.19–22)
  • Recibió un nombre sobre todo nombre. Fue proclamado kyrios, Rey de reyes y Señor de señores (Fil 2.11; Ap 19.16)
  • Se sentó a la diestra del Padre en majestad en el cielo (Heb 1.3–4)
  • Fue hecho cabeza de la iglesia (Ef 2.22–23)
  • Nos levantó junto a él y nos hizo sentar con él en lugares celestiales (Ef 2.4–6)
  • Nos hizo reyes y sacerdotes (Ap 1.5–6)

Este es el testimonio de Dios al cual se refiere el apóstol Pablo (1 Cor 2.1), y es el contenido básico de la proclama del Evangelio (el kerigma apostólico). Kerigma (gr.) es la proclama ungida con autoridad del testimonio de Dios que fue revelado a los apóstoles y profetas por el Espíritu Santo. Estos son los hechos de Cristo en su muerte en la cruz, también en su resurrección y en su exaltación.

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